Pedro Iglesias: Convivir con otras culturas te ayuda a reconocer grandes valores en la diferencia
Entrevista: Álfonso Gónzalez para albadetormesaldia.es
Pedro Iglesias Curto fue ordenado diácono el pasado 24 de mayo en Roma. Criado en Alba de Tormes vivió y estudió cuatro años en el Seminario San Jerónimo donde regresa este año.
1. Pedro, ¿Cuál es la historia de tu vocación religiosa y sacerdotal?
Mi historia es bastante sencilla. Después de estudiar en las Isabeles me vine a “San Jerónimo” donde, quizá un poco por curiosidad y un poco por seguir el ejemplo de aquellos que durante ese tiempo habían sido mis formadores, decidí continuar con los Reparadores. Con el paso del tiempo, durante los años de formación y estudios, en los momentos de oración y en diálogo con aquellos que me han acompañado, he ido descubriendo que quizá el proyecto de Dios para mí está aquí, como religioso. Y en ello puedo decir que he puesto toda mi vida.
Tras terminar mis estudios en Salamanca, fui enviado a Roma, donde he estudiado durante tres años Teología Bíblica y donde, continuando con este camino, he recibido el diaconado, como paso previo al sacerdocio.
Todo esto me hace creer que, aquellos que somos creyentes, hemos de estar atentos para percibir cómo Dios habla no sólo en los grandes acontecimientos, sino también y sobre todo en las pequeñas cosas. Y esto vale no sólo para quien es religioso, como yo, sino también para quien se plantea cualquier otra opción de vida.
HAY QUE ESTAR ATENTOS Y PERCIBIR QUE DIOS HABLA NO SÓLO EN LOS GRANDES HECHOS, SINO TAMBIÉN EN LAS PEQUEÑAS COSAS.
2. Has sido estudiante en Salamanca, también en Roma y en Jerusalén. ¿Qué ha supuesto para ti este abrirte al mundo y conocer gente tan distinta?
Escribía alguien que hay dos tipos de personas: las que viajan y las que no. Yo he tenido la suerte de vivir en lugares muy diversos y entiendo lo que esto significa. Porque este entrar en contacto con culturas diversas es una experiencia sumamente enriquecedora y a la vez muy exigente porque supone, ante todo, un ejercicio de humildad, que te ayuda a reconocer en el otro, en el que es distinto, una gran cantidad de valores. Quien no sale de casa piensa que lo suyo, su forma de ser o su pueblo, es lo único que existe y es lo mejor. Y es ahí donde nace la intolerancia. Durante este tiempo y en lugares tan diversos he convivido con personas de los dos extremos del globo y sólo puedo decir que, a pesar de nuestras diferencias, es mucho lo que hemos aprendido mutuamente.
Especialmente la posibilidad de vivir en Jerusalén ha sido una experiencia humana, de fe y de estudios inolvidable. He entrado en contacto con Oriente, un mundo tan diverso al nuestro, pero sobre todo he podido acercarme a un conflicto, el de Israel y Palestina, que a menudo se aborda con demasiada superficialidad, separando buenos y malos y nada más. Todo es mucho más complicado. Hay demasiadas heridas en las dos partes y sobre todo mucha gente normal que sólo pide paz.
“EL CONFLICTO ENTRE ISRAEL Y PALESTINA A MENUDO SE ABORDA CON DEMASIADA SUPERFICIALIDAD”
3. Y, ¿cómo fue la celebración en Roma de tu ordenación diaconal el pasado 24 de mayo?
Como todo acontecimiento importante, fue un momento muy emocionante, que viví sobre todo con una enorme gratitud hacia Dios por haberme elegido y conducido a esta vocación. Además esta celebración tuvo lugar dentro del Capítulo General de nuestra Congregación, lo que supuso un signo particularmente elocuente de que he recibido este ministerio en un contexto más grande, en una Congregación, en la Iglesia. Uno es diácono, es decir, servidor, no para sí mismo sino para los demás.
ME INCORPORO A UNA TAREA NADA FÁCIL Y EN LA QUE TRABAJARÉ CON MUCHO ESMERO PARA LA FORMACIÓN DE JÓVENES.
4. Miremos ahora hacia Alba de Tormes. Dinos qué es lo que más te gusta y, por otro lado, aquello que mejorarías de tu pueblo y quisieras cambiar.
Como albense, aunque llevo prácticamente la mitad de mi vida fuera de casa, creo que deberíamos sentirnos muy orgullosos de todo lo que tenemos, de nuestra historia, de nuestro patrimonio y de aquellos que nos precedieron; figuras importantes (que las hay) y gentes normales que han hecho de Alba lo que hoy es. Siempre repito, con satisfacción, que no somos un pueblo anónimo. Creo además que Alba es un pueblo acogedor, como lo demuestra su crecimiento por la gente que ha ido viniendo de los pueblos de alrededor y como se vive en nuestras fiestas.
Sin embargo, aunque por nombre somos “villa”, me entristece comprobar cómo muchas veces nuestras miras son demasiado cortas, demasiado cerradas en nosotros mismos. Tenemos un montón de posibilidades que deberíamos saber explotar, para ofrecer oportunidades a la gente joven y que no tenga que marcharse a trabajar fuera, para vivir del turismo, para crecer… Especialmente me entristece, desde la distancia, la situación de enfrentamiento político que ha vivido y vive nuestro pueblo. Si en vez de tanto confrontamiento personal se buscasen más los intereses comunes estoy seguro que Alba sería mucho más grande en todos los sentidos.
5. A partir de septiembre estarás en la comunidad del Colegio y Seminario “San Jerónimo”. ¿Qué esperas de este nuevo destino aquí?
La verdad es que volver a “San Jerónimo” es como volver a mi casa. Aquí nació, siendo un chaval, lo que ahora soy. Por eso vuelvo aquí con mucha ilusión y muchas ganas de trabajar. Me incorporo además a una tarea, la de la educación y la formación, que me apasiona. Sé que hoy no es nada fácil dedicarse a esto pero, por otro lado, creo que no hay tarea más necesaria y a la vez más importante que la de la formación de la gente joven. Espero poder hacer algo en este sentido, consciente de que en esta labor educativa uno mismo debe estar constantemente aprendiendo.
6. Y, finalmente, ¿qué quisieras transmitir a los jóvenes con los que te vas a encontrar y de los que vas a ser formador?
Más que todas las palabras que pueda decir en mis clases quisiera, sobre todo, que mi presencia, el estar aquí, suponga un cierto interrogante o al menos algo de curiosidad. Soy un joven de 29 años, que vive una opción que tiene mucho de alternativo y un tanto de locura. ¿Por qué? En el fondo me gustaría transmitir que la fe no es algo que limita la existencia, como a menudo se piensa, sino que puede dar sentido a la vida y hacer feliz. Esto fue lo que a mí me atrajo para continuar como religioso, ¿por qué no intentar ahora yo transmitir lo mismo?
Junto a ello quisiera mostrar mi cercanía, mi deseo de estar ahí para echar una mano. Cuando uno ha pasado ya los 18 años, donde uno se cree que lo es todo y lo puede todo y a la vez uno se siente de lo más perdido, comprende lo necesario que es tener a alguien al lado, no sólo como “coleguilla”, sino como quien ha vivido un poco más y puede echar una mano, a veces corrigiendo aunque duela, y las más de las veces sólo escuchando. Si pudiese transmitir algo de todo esto, junto a mi comunidad, entonces creo que nuestra labor en “San Jerónimo” seguirá teniendo sentido.


