El pintor Antonio Álamo reúne recuerdos y sensaciones en su última exposición
El pintor y periodista Antonio Álamo, hijo de Antonio Alamo Salazar quien fuera cronista oficial de Alba de Tormes, desnuda una parte de su alma en su última exposición, un conjunto de paisajes reales e imaginados con los que transporta al espectador a momentos más agradables y placenteros, llenos de buenos recuerdos en los que predominan las estampas de la Tierra de Campos.
Después de casi seis años sin exponer, el pintor de origen palentino, se lanza de nuevo a los ruedos y muestra en la Sala de Exposiciones de Caja España, en Palencia, una colección de 34 acuarelas, salpicadas por algún que otro óleo.
Nacido en Salamanca pero palentino a todos los efectos, Antonio Álamo siempre tuvo un pincel en sus manos y desde siempre recoge en su obra la huella de los paisajes de Tierra de Campos para reinventar situaciones y sensaciones placenteras “por el puro placer de pintar”, ha explicado en una entrevista concedida a la Agencia EFE.
Sus cuadros están sembrados de buenos recuerdos y de sensaciones agradables, que para eso “la pintura tiene la gran ventaja de que te permite cambiar las partes de la realidad que no te gustan”, ha precisado.
Y aunque la acuarela siempre le ha resultado más sugestiva que el óleo, también maneja esta técnica, que se alterna en su sexta y última exposición con otras “locuras” en las que ha usado plumillas, rotuladores o lápices acuarelados.
Técnicas diferentes para crear un mundo diferente en el que dibuja la calma del mar o la tranquilidad del paisaje de Tierra de Campos y se para en un “tempo diferente”.
Al menos así lo dicen los que más le conocen, los que afirman que su pintura es “cercana y personal” y que sus obras son minuciosas y están hechas con precisión pero sin pretensión, en un formato muy humilde, tal y como reza el prólogo que para esta muestra ha escrito un amigo, Fernando Bravo.
Aunque sin duda la persona que mejor conoce a Antonio Álamo es su mujer, Pilar, la misma que le animó a exponer hace muchos años y la misma para la que guarda dos de las obras que pueden verse en esta muestra: una esclusa de Palencia, “hecha de cuatro brochazos” y la triple esclusa de Frómista hecha con “rotring del 0’3″.
Una obra, esta última, que según su autor “quizá no merezca estar en una exposición”, pero que a nivel personal no tiene precio y “está reservada para Pili”.
A partir de mañana en la sala de exposiciones de Caja España de Palencia, nos podemos encontrar con puentes y esclusas del Canal de Castilla, marinas de Asturias, palomares de campos o el simple portón de un corral de cualquier pueblo palentino.
Dice el pintor que solo le mueven las sensaciones que le producen las cosas cuando las mira y que por eso los árboles, los palomares, una puerta, los paisajes marinos, cualquier cosa que le traiga recuerdos agradables es susceptible de estar en sus cuadros.
Algunos están hechos en dos días, otros en ocho minutos pero todos están hechos con mucho cariño, “porque si no me gustan los rompo”, ha asegurado.
Entre ellos “El corral de Lee” un portón de Cervatos de la Cueza, en Palencia, “fruto de la terquedad y del capricho, llevado por los recuerdos de aquel pastor belga que dormía junto a la puerta”, ha explicado.
Una acuarela llena de realismo, en la que Álamo ha reflejado los detalles de cada teja, de la madera de la puerta, de los ladrillos del marco o las irregularidades del tapial.
Ejemplo de esa paleta de colores en la que predominan los verdes, el azul del cielo y los ocres que a veces se vuelven anaranjados y otras casi rojos. Entre todos esos paisajes tranquilos, en los que no hay flores, ni árboles y que parecen estar fuera del tiempo, Álamo ha introducido algunas propuestas más arriesgadas como un bosque de colores intensos y trazos gruesos o unas rayas “de vítreo” amarillas y rojas encuadradas en las tendencias más abstractas.
Las obras artísticas no son otra cosa que el medio que utiliza el autor para visualizar su pensamiento. Esta nueva colección de acuarelas de Antonio Álamo nos ofrece una visión del alma del artista, de su espíritu. Palencia y una comarca de tan inmensa personalidad como la Tierra de Campos están presentes de manera obsesiva en la exposición. Son paisajes horizontales y atardeceres de un bellísimo azul rojizo. Acuarelas con sombras de precisión horaria.
Álamo nos trasmite sus exploraciones sobre el proceso de creación artística con detalles como los de las hojas otoñales con tonos de un amarillo vital. Y los árboles de Cervatos que se alejan del estilo figurativo. El mundo vegetal va aquí del menos al más. De lo claro a lo oscuro. Son, en el fondo, tonos transparentes que se funden. La corteza de los árboles no termina de manera brusca. Se proyectan a la atmósfera. Las estaciones, el reloj del año, continúan su orden tras los paisajes nevados y azules, desérticos, donde emerge algún palomar desmochado.Más que adquirir destreza con los pinceles hay que aprender a mirar. Aparece Rioseco con los viejos portones de su antigua fortaleza. O las macizas maderas que guardan los corralones. Son detalles aumentados de otros paisajes que, a otra escala, hay que descubrir en los cuadros de la exposición.
El artista no capta sólo las imágenes, sino lo imaginario. Es precisamente lo que subyace en trabajos como los de los islotes. Insulas mediterráneas propias de la Odisea adivinadas a vista de pájaro, donde el cielo es amarillo y el mar tiene el azul de la calma engañosa. Se trata esta de una acuarela que quizás de forma inconsciente busque el contraste con otras marinas. ¿Por qué a todos los palentinos les gusta mirar al mar Cantábrico? Aparecen aquí costas desvaídas que sólo existen en la mente del artista. Seguramente son ecos y recuerdos infantiles.


