
El festival nadó entre cuatro generaciones. Las que separan a Ruiz Miguel, el viejo ‘Cañaílla’, de Juan del Álamo. Cuarenta años de alternativa. Y entre todos los actuantes, 125. Ahí es nada. Y como si quisiesen rendir homenaje y tributo a la evolución taurina de las últimas décadas, el compendio taurino de la tarde resumió diferentes formas y estilos.
No quiso sumarse a la fiesta Ortega Cano, que ordenó al lidiador que parase al novillo, dejó que lo pegasen en varas y se limitó a entrar a matar entre dudas. No hizo José buena su leyenda taurina, la de gran figura del toreo de los ochenta y noventa, la del torero de raza.
Todo raza sin embargo fue Ruiz Miguel, a quien se vio feliz, disfrutando y ágil de reflejos con el primero, un novillo encastado y con movilidad, al que pegaron bien en dos puyazos y que, aun así, se vino arriba. También Paco, que apuntó en el capote y después supo andarle por la cara, dejársela puesta para aprovechar la inercia del viaje y buscarle las vueltas en el tramo final. Fiel a su estilo, Ruiz Miguel estuvo peleón.
También recordó sus buenos momentos Víctor Mendes, que incluso se animó a poner banderillas al tercero. Al de Montalvo, un ejemplar con fijeza y prontitud, lo cuajó de capa formando un alboroto, y hubo de todo: verónicas de recibo, chicuelinas al paso para llevarlo al caballo, un quite por navarras y lances a pies juntos para volver a colocarlo. A Víctor le pidieron banderillas y banderilleó, sin aliviarse, exponiendo y dando la cara. Mendes fue de los grandes con los garapullos. Después, el de Montalvo se vino un punto abajo y Víctor tiró de raza y entrega para hacerse con él en una faena en la que dominó el torero de principio a fin.
A partir de esa faena, la tarde se vino arriba de manera explosiva. El cuarto novillo tuvo picante de salida, pero Raúl Gracia ‘El Tato’ supo hacerse con él a las primeras de cambio. El aragonés fue el único que intervino en quites en el novillo anterior y después desplegó gran técnica para meterlo en la canasta.
Remiso el novillo de primeras, gracias a los toques y el juego de alturas Raúl terminó bajándole la mano y consiguiendo series en redondo de altísima nota, con temple, ligazón y hondura. El Tato de sus mejores tiempos, que no renunció en ningún momento a su repertorio, ni siquiera con el final rodilla en tierra antes de matarlo.
Puesta la cosa en marcha, llegó lo mejor con Gallo, que sorteó un novillo de gran clase y ritmo, con el que Eduardo volvió a ratificar su buen momento. Hubo un buen saludo de capa y un templado quite por chicuelinas, que precedieron a una faena que comenzó de largo, dando tiempo y sitio al de Montalvo para llevarlo cosido, templado y ligado por la diestra; y que terminó acortando espacios y metiéndose en su terreno con suavidad y temple. Entre todo ello, grandes momentos en redondo del salmantino, que lo llevó largo una y otra vez, que se templó y asentó, que se gustó y que demostró que disfruta toreando. Cerró plaza Juan del Álamo, que se las vio con un novillo de menor recorrido y duración que sus hermanos. Así que el novillero salmantino tuvo que tirar de raza, valor y quietud para meterse a la gente en el bolsillo. No dejó nada por hacer. Desde el saludo, con varias largas de remate, el quite por tafalleras, el inicio con buen aire y los desplantes finales, beso al testuz incluido.
A Del Álamo le fluyeron las ideas a borbotones, buscando la complicidad de un público que se lo pasó en grande. Se quedó muy quieto y lo llevó bien cuando tocó, y se quedó más quieto en el arrimón final. Curiosamente, un torero de nuestros días hizo recordar a un revolucionario de los ochenta como Paco Ojeda.

Una de toros (Angélica Corral / Tribuna de Salamanca)
Esto no es una crónica taurina. Son las sensaciones que dejó en el cuerpo el festival celebrado el domingo en Alba de Tormes, que bajó el telón de la temporada al mismo tiempo que El Pilar de Zaragoza o la feria de San Lucas de Jaén. Repito, esto no es una crónica taurina. La crónica la leyó usted ayer. Es el regusto que se llevaron los aficionados tras un festejo de los que dejan un sabor más que dulce y bastantes ganas de que la temporada no acabe nunca, o empiece pronto con algo similar. Un cartel con 125 años de historia, decía el Lances de Pluma y Pincel que te dan a la entrada, con la presencia de matadores de toros que, o los ves aquí y ahora, o te puedes ir olvidando. Hasta donde me alcanza la memoria no recuerdo haber visto nunca a Ruiz Miguel ni en persona ni en una plaza. Sólo en la tele cuando La Primera daba toros y el de San Fernando era el todopoderoso que siempre estoqueaba los Miura. Por eso deduzco que un escalofrío recorrió a más de uno cuando rompió el paseíllo y ese Ruiz Miguel con sus 60 dignos años echó a andar hecho un figurín. Luego le brindó la faena a Juan del Álamo, quizá por el quite a cuerpo limpio que le hizo al banderillero de su cuadrilla, detalle que Del Álamo correspondió cuando en el sexto de la tarde brindó a todos los componentes del cartel, y a los fotógrafos, la foto de la tarde.
Escribo esto un domingo por la noche todavía con el calor en las manos de tocar las palmas para pedir las banderillas a Víctor Mendes, que llegó a la gente con su toreo poderoso y su sensatez. Maestro, fue un placer verlo abrirse de capa, llevar el toro al caballo para que el picador también torease y disfrutar con la variedad de su tela rosa y su pundonor. El portugués disfrutó tanto como los que le jaleamos y me atrevo a decir que si le dan un micro al final de la faena hubiéramos corroborado este pronóstico. Porque Mendes fala portugués, fala castellano y fala francés. Fala que da gusto. No menos que Rui Bento Vasques haciendo trío con Pablo Chopera y Mateo Carreño; primero, sin pestañear ante la labor de Gallo y luego, aplaudiendo a Juan del Álamo, un tremendista, que diría mi abuelo. Para los que no vamos a los toros tan a menudo como lo que sería saludable para alimentar la afición taurina, tardes como la del domingo ayudan a recuperar el tiempo perdido. Estamos viendo más toros que en la feria, decían algunos, y decían bien.
Y es que la tarde se puso a modo. El solecito previo a la corrida, el precio semi-razonable de las entradas, unos novillos casi toros correctamente arreglados pero con la presencia suficiente para darle seriedad al asunto y un cartel atrayente por unas causas u otras; aunque algunos decepcionaran o dieran pena (o ambas cosas a la vez), como José Ortega Cano, que salió arropado entre compañeros y así la bronca quedó amortiguada. El hombre no pegó un pase. También andando aunque con dos orejas en el esportón se fue El Tato, torero de Zaragoza, que luego en el Don Fadrique se paseó de acá para allá con el móvil en la oreja y más que un torero parecía que volviera a ser el mentor de Julián López El Juli como en otro tiempo.
El rabo se lo llevó Gallo, impecable hasta para vestirse de corto con chaquetilla de terciopelo y fajín en tonos naranja de lo más estético y el garbanzo negro de los toros buenos, Jonny, como lo llama José Dani, el novillero más ilusionante de la cantera charra que le pegó un beso en la testuz a su novillo para rematar la faena. Toreando y poniendo banderillas como Mendes nos fuimos de la plaza con unas ansias tremendas de que inventen festejos como éste aunque sea en pleno invierno. Es una forma de hacer afición, sin las presiones de la temporada, sin la exigencia a veces ridícula de Madrid, sin el peligro de los toros en puntas, sin la cicatería de los palcos. La gente fue a divertirse y lo logró, así que los aficionados o no que acudimos el domingo a Alba, repetiremos si nos ofrecen algo parecido.
Cuatro más dos (Victor Soria / Glorieta Digital)
Entretenido festival en Alba de Tormes con una plaza llena entregada a los toreros de ayer y de hoy. Claró está que la diferencia entre los cuatro primeros actuantes y la de los dos últimos marcó una diferencia abismal pero ya se sabe que la experiencia suple carencias físicas.
Francisco Ruiz Miguel, con una envidiable cinturita de avispa, dejó posos de su calidad con un novillo que no se prestó al juego con la muleta. Este no era uno de los de miura que toreaba antaño e hizo lo que pudo para irse despedido con una calurosa ovación del público albense.
Todo lo contrario que José Ortega Cano que se empeña en torear a pesar de su lamentable forma física. La historia de este torero está sufriendo un borrón demasiado importante para un torero que luchó a finales de los ochenta y principios de los noventa por un hueco con los mejores del escalafón.
Victor Mendes se metió al público en el bolsillo con un bravo novillo de Montalvo al que le cortó las orejas. Un tercio de banderillas tedioso en el que se demostró que el que tuvo, retuvo, sumado a una vistosa faena de muleta le sirvieron para el triunfo.
El Tato se mostró en buena forma con el cuarto de la tarde. Otro buen novillo de Montalvo con el que se gustó en los medios con la muleta en la mano. Dos orejas y a disfrutar desde el burladero.
Eduardo Gallo mostró su mejor cara, esa que todos esperábamos y que tanto ha costado sacar. Ahora sólo falta que se ilusione durante el invierno con la idea de que puede volver a estar en lo más alto, que se vuelva a creer que puede ser torero y a volver a estar en los carteles más importantes. Un buen novillo y un gran torero pusieron lo mejor de la tarde sobre el albero de la cubierta. Dos orejas y rabo, el premio final.
Juan del Álamo sacó dos orejas del peor novillo de la tarde. Dos orejas trabajadas a pulso de un animal que no quería saber nada del joven novillero. Con una firmeza que asusta y el público en el bolsillo salió por la puerta grande con casi todos sus compañeros de cartel.
Un festival que mereció la pena, entretenido y con buenos novillos.
Berna (Blog Podo Basas al Día)
Posteriormente fuimos a ver el festival taurino que se celebró en alba de Tormes, en el cual, nos divertimos y recordamos viejos tiempos.Ruiz Miguel, ante un correoso Montalvo, estuvo muy digno y poderoso, y a pesar de los años, con buena forma física, no como mi admirado Ortega Cano, con el cual he compartido mesa y mantel en numerosas ocasiones, así como hemos tentado mucho juntos, sobre todo en Miguel Muñoz, Casa de D. Ángel Sánchez y Sánchez, en donde tentábamos camadas enteras. José Ortega Cano ha sido un figurón del toreo, un magnífico torero, pero lo he visto sin ganas en un festival, así como sin fondo; apesar de todo, me encanta verle tentar. Victor Mendez, encandiló al publico y estuvo bullicioso y poderoso, en su línea de siempre, a pesar de ser un festival, lo dió todo y estuvo muy bien, incluso Pablo Chopera, presente en el festejo, lo aplaudio en varias ocasiones al igual que al Gallo, al cual parecía que seguía apoderando junto a Mateo Carreño, que parecía que estaban mas pendientes del chaval que cuando lo apoderaban. El Tato se entregó y estuvo digno. Este torero tiene mucho mérito después de todo lo que ha pasado. El Gallo, fenomenal, ha vuelto a cantar de nuevo, ya he dicho que incluso Pablo Chopera estaba mas pendiente de él que cuando lo apoderaba. Mateo Carreño y el hijo de Manolo Chopera no hacían nada mas que darle consejos a cada momento, desde el callejón, no sé si el hijo de Florentino Díaz Flores estaba al tanto. !Qué bien toreó El Gallo!, este torero no se lo puede volver a dejar ir y si se lo deja escapar, es para darle un par de castañas; si él quiere, se hace rico en un momento. Juan del Álamo, con el peor novillo de la tarde, estuvo con muchas ganas y entrega y tuvo un gran detalle, le brindó su novillo a todos los actuantes. La novillada de Montalvo, gorda y bien hecha, algunos buenos y alguno muy manso, así como con dificultad el primero, segundo, y sexto. Me sorprendió ver un festival en Alba de Tormes con ganado tan bien presentado, lustrosos, con quilos y en edad.
Festival en Alba de Tormes / Traje de Luces
Con un “lleno de no hay billetes” en los tendidos se celebraba un festival que había generado una gran expectación en toda la provincia de Salamanca. Los matadores, ya retirados, Francisco Ruiz Miguel, Ortega Cano, Victor Mendes y Raúl Gracia “El Tato”, se acartelaron junto a Eduardo Gallo y el novillero Juan del Álamo. Pasado, presente y futuro de la Fiesta.
Francisco Ruiz Miguel se las tuvo que ver con el peor toro del encierro de Montalvo, pero aún así tiro de raza y de la casta que siempre le ha caracterizado, en sus inumerables corridas frente a los Miura, Victorino Martín o Pablo Romero. Brindó su labor al joven del Álamo, que recibió el brindis muy emocionado.No tuvo suerte, pero no se borró ante un astado que ya propinó una fea voltereta a un banderillero.
José Ortega Cano demostró que no se encuentra preparado para estar frente a la cara del toro. Tras ver a un toro que se movía demasiado decidió masacrarlo en el caballo para luego pasaportarlo de seguida. Esuchó una fuerte pitada del respetable.
Victor Mendes estuvo muy dispuesto durante toda la lidia del tercero de la tarde. Tras un gran saludo capotero y un buen quite por navarras se metió a los tendidos en el bolsillo. Pero donde terminó de rematar la tarde fue en el tercio de banderillas, donde demostró sus grandes cualidades. Con la franela se le vio variado y con pases con la muleta muy baja.
Raúl Gracia “El Tato” aprovechó la buena embestida del de Montalvo y toreó muy bien por el pitón diestro, el novillo se entregó con mucha fijeza y entrega. Realizó una labor importante y de dimensión dejando claro que Raúl está preparado para volver. Ojala se anime a regresar el maestro maño.
El presente llegó de la mano de Eduardo Gallo, que sería a la postre el triunfador del festejo, tras cortarle el rabo al quinto de la tarde. Realizó un gran quite por chicuelinas. Estuvo en torero toda su labor de muleta con pases de mano baja y con mucho guste. Brilló el temple de los pases por naturales.
Y el futuro llegaba de la mano del mirobrigense Juan del Álamo que decidió brindarle su labor a todos los matadores del cartel. No tuvo suerte, ya que el primero y el sexto fueron los peores toros del encierro, pero el joven tiro de raza ante un toro que se quedaba muy corto y no pasaba en la muleta. Redujo distancias, se metió entre los pitones y tuvo recursos para meter a los tendidos en la faena, incluso llegó a besar la testuz del de Montalvo.
Por desgracia no he podido disfrutar este año de las Fiestas ni los toros. No puedo opinar sobre el festival, si ha estado bien o mal, pero lo que si me gustaría es que volvieran las corridas de toros como en años anteriores, con toreros en activo, no retirados. Deberían aprobechar más la plaza de toros cubierta que tiene nuestro pueblo, que es algo de lo que debemos presumir, y no sólo hacer festejos en fiestas.
Un saludo.