Los quintos de Valdecarros buscan la horca
La localidad de Valdecarros y más concretamente sus quintos tienen marcados cada año en el calendario los días 26, 27 y 28 de diciembre. Este último día, coincidiendo con la festividad de los Santos Inocentes, se celebra uno de los actos más reconocido y con más tradición del municipio: la tradicional horca de los quintos, una escenificación grotesca de un juicio donde se decidirá si el reo, uno de los quintos, irá o no a la horca.
Así, unas doscientas personas se reunieron ayer en la Plaza Mayor del municipio para presenciar un acto centenario. Este año, los protagonistas fueron Olga, Saray, Cristina, Berta y Alejandro, único quinto entre todas las mozas. Además, las mujeres adquirieron este año un protagonismo especial, ya que dos de ellas fueron las dos que subieron a la conocida horca.
Según el libro de Ildefonso Martín, Valdecarros: costumbres y tradiciones, previamente a estos días los quintos elegían por sorteo un alcalde, un teniente-alcalde y tesoreros. Los dos primeros, como atributo de autoridad, portan varas, que con frecuencia son varales de los de colgar embutidos que colgaban cintas de colores, regaladas normalmente por las mozas.
Los quintos inician el recorrido disfrazados, acompañados por familiares y vecinos al ritmo impartido por dulzainas y redoblantes. Reo y verdugo recorren en burro las calles de la localidad. Tradicionalmente el reo miraba hacia atrás y el verdugo hacia delante. A su llegada a la plaza mayor, los vecinos aplauden y allí les espera unos carros de bueyes con su vara en alto y a esta, atada, una escalera de mano, de tal manera que la línea horizontal del suelo y las inclinadas de escalera y vara con su prolongación, conforman un triángulo.
A continuación, el reo es colgado por la cintura y el verdugo lo acompaña desde la parte superior de la escalera. Posteriormente, el verdugo pronuncia las siguientes palabras “Por sus muchas fechorías, porque ha hecho mucho mal, a este grandísimo endino le vamos a ajusticiar”.
Aquí comienza un rito consistente en pronunciar una retahíla de versos, compuestos por los mismos quintos de variado contenido: cargos y chismorreos contra el reo el resto de quintos que hacen participes a todos los vecinos. Versos fruto de la inspiración de todos los quintos que suelen recurrir a alguna persona con facilidad para versificar.
Antes, al finalizar el acto de la horca, los quintos corrían detrás de las mozas que huían rápidamente para evitar ser untadas con algún producto del mondongo de las matanzas de los cerdos u otro producto. Actualmente, después de la parodia, en la plaza los quintos bailan y continúan la diversión.


