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La Fiesta de Las Candelas une tradición religiosa y costumbre popular

Enviado por en 2 febrero 2010 – 14:44Sin Comentarios

La fiesta de la Candelaria se llama así porque en ella se bendicen las candelas que se van a necesitar durante todo el año, a fin de que nunca falte en las casas la luz tanto física como espiritual.

La ermita de la Virgen de Otero acogió la celebración de la Fiesta de las Candelas, donde los asistentes repartieron el bollo maimón bendecido por el párroco de Alba de Tormes, Gonzalo Escamillas.

La fiesta de la Purificación de Nuestra Señora, conocida popularmente como “Las Candelas”, conmemora la presentación en el templo de María y su hijo Jesús. Según la ley judaica todos los primogénitos debían ser consagrados al culto por mandato divino: “Habló Dios a Moisés y dijo: Conságrame los primogénitos de Israel, tanto de los hombres como de los animales, puesto, que son míos”. Después que las labores de culto fueran encomendadas a la tribu de Leví, se legisló la exención de tal tributo a cambio del pago de cinco siclos que pasarían al tesoro del templo. De otro lado, las madres -aunque los padres satisficiesen esta cuota-, habían de ir a purificarse, cuarenta días después del parto. Según su estado podían designar a otra persona para que hiciese la ofrenda en su nombre. María, no obstante, prefirió acudir ella misma, encargando a José que comprara un par de palomas a alguno de los mercaderes que tenían sus puestos en las proximidades del recinto sagrado (entre los ricos se solía presentar un cordero de un año, pero los pobres habían de contentarse con un par de tórtolas).

Entre los primeros cristianos fue una fiesta de gran solemnidad ésta de las candelas, a la que difícilmente se puede encontrar un precedente simbólico entre las celebraciones precristianas. La fuerza del rito ha conservado la costumbre prácticamente intacta hasta nuestros días, en que aún tiene lugar un acto durante la misa del día dos de febrero. Al llegar el Ofertorio varias jóvenes -generalmente dos, que son mayordomas de la Virgen y que ese año cumplen la mayoría de edad-, se acercan al altar llevando dos palomas, una luz y una tarta. El sacerdote recibe las ofrendas, y, tras depositar la tarta en el altar mayor, coloca la luz entre las manos de la Virgen que está en andas, encendiendo con la llama de la candela todas las velas de la Corporación Municipal, situada en las primeras filas. El coro, entre tanto, está interpretando el texto, y, al llegar al pasaje que dice: “Dos tórtolas y una luz”, se deja volar a las palomas. La Virgen recorre, en andas el espacio existente entre el altar y la puerta de la iglesia, y vuelve tras haber recibido nueve reverencias del sacerdote en el trayecto. Cuando se entona la estrofa “Vuelve Señora a tu trono”, la imagen regresa al altar mayor .

Son muchos los pueblos en que la cofradía de mujeres comienza la fiesta de las Aguedas el día dos para darla fin el cinco, con la celebración de la Santa.

Sin embargo, hay un elemento, las velas, que en este acontecimiento no concuerda con la tradición judía. Santiago de la Vorágine apuntaba en el siglo XIII que la costumbre de encender candelas en esta fecha durante la celebración de la misa responde a un claro deseo de suplantar una práctica pagana, y añade: “Viendo el papa Sergio lo difícil que resultaba apartarlos de semejantes prácticas, tomó la encomiable decisión de dar a la fiesta de las luces un sentido nuevo: consintió que los cristianos tomaran parte en ellas, pero cambiando la intencionalidad que entre los paganos tenían, y dispuso que los cortejos luminosos que los romanos organizaban por aquellos días y habían hecho populares en todas las provincias del Imperio, los fieles lo hicieran el dos de febrero de cada año, mas en honor de la Madre de Cristo y en forma de procesiones y llevando en sus manos candelas previamente bendecidas”.

La susodicha fiesta de las luces que sincretiza el señalado pontífice se desarrollaba a comienzos de febrero y tenía por protagonistas a las mujeres. Estas trataban de recordar las búsquedas nocturnas, ayudadas con teas y linternas, que hicieron los padres de Proserpina para encontrar a la diosa raptada por Plutón. Otro posible origen de Las Candelas lo ve el propio Santiago de la Vorágine en la costumbre que había por estas fechas, cada cinco años, de inundar la ciudad de Roma de teas y antorchas en la noche en honor de Februna, madre de Marte, para que propiciara la derrota de los enemigos del Imperio. Otros autores, Frazer entre ellos, creen que fue el papa Gelasio, en el 496, quien instituyó la fiesta de la Purificación de la Virgen como única forma de aniquilar por asimilación los festejos romanos de las Lupercalia. Sean unos u otros los comienzos de Las Candelas, lo cierto parece que la fiesta que hoy conocemos responde a una amalgama de elementos judeo-cristianos y de elementos de origen pagano.

El día de las Candelas,
el día dos de febrero,
sale la princesa a misa,
la gran reina de los cielos.

Apártense los señores,
hagan campo para atrás
que va la princesa a misa
en su carro celestial.

Ya se presenta en el templo
la madre de los amores;
viene a ofrecer a su hijo,
el redentor de los hombres.

Desnudito también va
ese divino lucero,
ese sol resplandeciente,
el Mesías verdadero.

A ofrecer sube María
con su divino Jesús
y de ofrecimiento lleva
dos tórtolas y una luz.

Las tórtolas son palomas
que por pobre le ofrecistes,
que por ser Madre de Dios;
un cordero no tuvistes.

Humíllese el sacerdote
con gozo y con alegría,
a recibir a este niño
de los brazos de María.

Humíllese el sacerdote
-también se humilla María-,
que reciba esta tarta
y esa candela encendida.

Vuelve Señora a tu trono
donde estuvistes primero,
mira que es mucho volar
desde el altar a los cielos.

Da salud al señor cura
que tenemos en el pueblo
y a los demás feligreses
que también lo estamos viendo.

Adiós Virgen del Rosario,
madre del divino amor,
con gozo y con alegría
os damos el corazón.

EL BOLLO MAIMÓN. Antiguamente, era tradición hacer el bollo  dentro de un puchero cilíndrico de dimensiones semejantes en alto y diámetro, en cuyo centro se ponía un cilindro para dar al bollo forma de rosca.

La masa que entraba dentro del clindro se daba a los niños, una vez cocida, como probatura del dulce. Hoy en día tiene una forma similar a la de un bizcocho en forma de roscón que puede tener diferentes tamaños, siendo el más habitual de 20 cm de diámetro. Es frecuente su presencia, en calidad de ofrenda, en las principales fiestas religiosas de muchas localidades de las provincias de Salamanca y Zamora, siendo también habitual que tras su ofrenda sea seguidamente subastado entre los vecinos del pueblo. También se utiliza en el baile debodas denominado “rosca” o “pica”

Fuente: Revista de Folklore. Artículos de José María Dominguez y Joaquín Díaz

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