Antonio Benéitez: “¿Cuánto os debo yo, albenses? No puedo medirlo, pues hay realidades que cambian la vida y mueven el mundo”
LLegan las fiestas y con ellas una nueva edición del ya indispensable pregón virtual en albadetormesaldia.es alternativo al discurso que pronunciará la Marcha Teresiana desde el balcón del Ayuntamiento. En esta ocasión, el elegido es el carmelita Antonio Jesús Benéitez, cuya vida y corazón han estado ligados en gran medida a la villa ducal. Estoy seguro que a los albenses les gustará leer su pregón, probablemente un pregón teresiana al cien por cien, que no pasará desapercibido.
Por su alegría, su disposición, por la huella que dejó, no sólo en los jóvenes sino también en todas las personas que tuvieron la oportunidad de conocerle, hoy es justo ofrecerle este pregón, que en el futuro formará parte de la historia de Alba de Tormes. ¡GRACIAS ANTONIO POR ACEPTAR ESTE PEQUEÑO RETO!
Antonio Jesús Benéitez, nace un 17 de noviembre de 1968 en Bretó de la Ribera (Zamora). Estudia Sagrada Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, de 1987 a 1995. Hace sus votos solemnes y definitivos como Carmelita Descalzo el 12 de octubre de 1993 y se ordena sacerdote el 23 de abril de 1994.
En la actualidad vive en Madrid, en el Convento de Santa Teresa de Jesús, de Plaza de España, 14, donde trabaja pastoralmente como Vicario de la Parroquia de Santa Teresa de Jesús y San José.
Alba de Tormes, presente en su vida desde la infancia.
De niño, tuvo de profesor de inglés al albense, ya fallecido, Agustín Martín Mateos, cuyos hermanos viven aún en la villa.
En su adolescencia, cuando vivía en el Seminario Teresiano de los Carmelitas Descalzos de Toledo, conoce al Padre Raimundo, que visitaba casi todos los años aquellas tierras, y que según Antonio Jesús se mostraba amable y cariñosos con los muchachos que se preparaban para ser Carmelitas Descalzos. Allí también tuvo de compañero al albense Manuel Hernández Mesonero, de quién fue su padrino de Confirmación.
El Postulantado, su primera etapa en Alba de Tormes.
La primera vez que Antonio Jesús visita Alba de Tormes fue el día de la Transverberación de 1986. Un año después, se incorpora al convento albense, donde realiza el Postulantado.
Del primer año, considera que participar en la Marcha Teresiana fue una de las experiencias más hermosas que ha vivido. Allí, tuvo la oportunidad de conocer el amor y devoción de los albenses a Santa Teresa de Jesús en los días de su Novena y en sus procesiones.
Después de esta experiencia, ya nunca ha roto sus lazos con Alba de Tormes.
Su segunda etapa, ya como sacerdote.
Por designios de la Providencia, en septiembre de 1995, el Superior de los Carmelitas Descalzos de Castilla le envía a Alba de Tormes, esta vez ya como sacerdote.
Se incorpora el 27 de septiembre de 1995, en el día en que se cumplía el vigésimo quinto aniversario de la Declaración de Santa Teresa de Jesús como Doctora de la Iglesia Universal. Aquí permanece hasta el 28 de abril de 1999.
En declaraciones a albadetormesaldia.es: “En este tiempo me sentí muy acogido por todos, que enseguida me trataron como a uno más de la villa. Fue muy hermosa la etapa que pasé colaborando en las escuelas (del 24 de mayo de 1996 al 27 de junio de 1997), mientras hacía la Prestación Social Sustitutoria.
“Después comenzó otra experiencia inolvidable: como el año 1998 fue declarado por el Venerable Juan Pablo II como Año del Espíritu Santo, iniciamos una catequesis para aquellos mayores de 18 años que no habían recibido el Sacramento de la Confirmación en su adolescencia. La juventud albense respondió muy bien a nuestra propuesta de acercamiento a Jesucristo y al Espíritu que él nos da. Asistieron a la catequesis y fueron confirmados casi cien jóvenes: dieciocho el día de Pentecostés (31 de mayo de 1998), en la Catedral de Salamanca, y ochenta en nuestra Parroquia de Alba el día de San Pedro y San Pablo (29 de junio de 1998)”.
Segovia, Toledo y Madrid
Tras su paso por Alba de Tormes, Antonio Jesús fue destinado a Segovia y Toledo, por breve espacio de tiempo, y por fin a Madrid, donde lleva ya ocho años. En este tiempo, no ha dejado de venir a Alba de Tormes, de visita, a algunas bodas, a algún entierro, y por bastantes años a las Fiestas.
“Ahora no puedo acudir porque mi Parroquia está dedicada a Santa Teresa, y debo permanecer en ella para las actividades que aquí se programan en honor de la Mística Doctora”.
“Merece una mención aparte el cariño y amor con que me rodearon los albenses en ocasión de la muerte por accidente de mi padre (14 de junio de 1999). En un autobús y en vehículos particulares muchos se desplazaron al entierro en una muestra de solidaridad que mi familia y yo no podemos olvidar. En aquella ocasión dije, y lo reafirmo, que Alba de Tormes es mi patria espiritual.”
Amigos todos, pues tengo la suerte de saber que lo sois; como vosotros sabéis que yo soy y seré siempre vuestro amigo sincero:
Cada vez que he participado de las Fiestas Teresianas de Alba de Tormes, y han sido unas cuantas, mi corazón de acelera. Santa Teresa de Jesús se vuelve callejera y se hace presente, con una familiaridad que la vuelve amiga y vecina. Los amigos, tantos y tan buenos, te acompañan de día y de noche; y las plazas, las calles, la Iglesia de las Madre, la plaza de toros, los bares, las casas ajenas… se vuelven tu casa, como si se rompieran las puertas y ya toda la extensión de la Villa fuese tu hogar, y en cada rincón sintieses que estás con los tuyos.
El recoleto silencio de la Iglesia de las Madres Carmelitas se vuelve tumulto al empezar y terminar los cultos, y la Iglesia se amplía por calles y plazas cuando las procesiones convierten el espacio profano de las vías públicas en espacio sagrado, pues la presencia de la Imagen de Santa Teresa hace que todo a su alrededor se troque en capilla donde se la invoca con confianza y se la venera con cariño.
Los albenses se abren a los forasteros, que no son tales en estos días, sino invitados, amigos, huéspedes deseados. Y Villa se une con su comarca en un abrazo que hace que todos nos sintamos paisanos.
Van discurriendo los actos. Procesiones, Eucaristías, ofrendas, oraciones. Encierros, capeas, el posterior desayuno, novilladas. Pólvora, mucha pólvora, en los espectáculos pirotécnicos y en los tradicionales toros de fuego. Las verbenas en la plaza, los jóvenes en sus peñas. Hacer la ronda de bar en bar. Y tantos reencuentros, tantos saludos, tanta amistad manifestada en el ambiente favorable de las fiestas.
Momentos mágicos los de las fiestas: apropiados para que se saluden los que el resto del año no se dan los buenos días, para que se traten los que están enfadados, para que se conozcan los que apenas si se han visto, para que se descubra el corazón de aquellos que creíamos que eran esquivos, y resulta que son simpáticos y quizá acaben siendo entrañables amigos.
Es tan hermoso saludaros cuando ya Santa Teresa está por Alba, y todos estáis de fiestas. Y es tan maravilloso por este medio desearos unas felices fiestas que voy a abriros algo de mi corazón.
¿Cuánto le debo yo a Alba de Tormes? ¿Cuánto os debo yo, albenses? No puedo medirlo, pues hay realidades que cambian la vida y mueven el mundo, pero no son cuantificables. Hay algo que, decía Santa Teresa “da el valor a las cosas”: el Amor. No se puede calcular, pero es lo único que merece la pena.
Y yo en Alba aprendía a amar mejor, a amar siempre, a valorar el amor que los demás me dan, a dejarme sorprender por las personas. Os debo vuestra sincera amistad y la apertura con que me recibisteis. Hicisteis de alguien nacido fuera, Santa Teresa de Jesús, vuestra patrona, alcaldesa y protectora. Y de mí, también venido de fuera para acompañar a Teresa en su sueño eterno, un amigo al que nunca se le cerró ninguna puerta. Todo esto os debo. Como os debo amor –lo único que un cristiano puede deber, dice San Pablo— mi deuda es para siempre, y espero saber corresponder a ella.
Una última palabra. Tengo preferencia por la Transverberación, no como fiesta, que me gustan tanto las de octubre, sino como acontecimiento de la vida de Santa Teresa. Ella a esta gracia mística la llamaba “Herida de Amor”, y fue una experiencia tan cuajada del Amor de Dios que tuvo que usar ejemplos atrevidos: el dardo, el fuego, el corazón, las entrañas. Cómo quisiera que todos la experimentásemos, no en la forma que la recibió Teresa de Jesús, sino en un crecer cotidiano en el amor generoso que hace que salgamos de nosotros mismos para entregarnos a los demás. Qué bien nos iría si todos estuviésemos “heridos de amor”.
Un saludo a todos, albenses y forasteros, y mi mayor deseo de que estas fiestas estén llenas de alegría, de paz, de unión familiar, de amistad, de Teresa, de amor.



Grande el’ padre antonio’,nosotros si q aprendimos de ti;al menos yo,gracias…..nos vemos en el colores pa’ la ronda’.
MUY BIEN PADRE ANTONIO, TODOS LOS ALBENSES Y AGREGADOS TE QUEREMOS. UN SALUDO Y GRACIAS ENCARNA
Gracias Antonio por estas palabras que a los Albenses nos enorgullece y desde aquí voy a proponer que se haga, de una forma legal por supuesto, una recogida de firmas para la posibilidad de que” Nuestro Padre Antonio” encabece el convento de los Padres Carmelitas de Alba de Tormes pues Él dió a la juventud Albense lo que muchos padres no dábamos ni daríamos a nuestros hijos.